Amanece en espesor cálido, la almohada recobra suavidad y conciencia.
Desayuno un orgasmo que no ha nacido y lo paso con un sorbo de café, tostado, paisano,
que me recuerda primera palabra tejida.
Mitad de día que se nubla, la originalidad pierde coraje y defensa.
Brotes de lechuga que me calman hambre y risa nerviosa cuando leo el diálogo de dos cabezas
y veinte dedos que se sumergen en chispas con miel y plumas.
Sol ausente con cobija, músculos que se dilatan en ilusión.
Y mientras cierro los ojos por tanto ardor, tu rostro de niebla crea sentido a esta noche fría,
solitaria, de estómago vacío y ansias de sudor.
Gaby Alvarado
25/03/2014
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