Oigo mi vida retándome a parar,
se clavan mis zapatos en el asfalto del ayer
sugiriendo cambio brusco sin perder.
Punto cardinal me deslumbra
guiando el valor de mi esófago volátil
que propulsa hacia afuera deseo,
carne, risas, té con miel y canela.
Miro una silueta insinuándome paz
pero se esconde entre mis neuronas de limón,
su mano de niebla me alcanza,
me estremece, me calienta el frio corazón
que me dejaron hace tres corazas atrás.
Atreverse tiene su mérito y sentencia
impuesta en autoconciencia y delirio,
enmarcada por la espera de quien desespera
ante tanta perfección y sentido de lo tocado,
de lo vivido, de lo roído en desamor
con ansia del último intento de risa perpetua.
Gaby Alvarado
28/11/2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario