Comienzo a adaptarme a las circunstancias de la vida porque se han convertido obligatoriamente en mi ley y no en opción.
Recoger pedazos, pintar paredes, cortarse el cabello, suturar desgarros, cambiar de estilo de música, oler el miedo, sentir el negro con el púrpura, decir ¡NO MÁS!. Pequeñas decisiones que favorecen la trascendencia, mi trascendencia. Me elevo y lo observo mejor todo. Impulso a los demás a hacerlo de igual manera sólo para encontrar entendimiento, pero se pierde.
La flecha tiene su punta hacia adelante; es unidireccional. La sigo por norma autoimpuesta que me hace salir de lo nublado y respirar, de lo oscuro y entregar. La sigo con sólo estelas que me siguen. No hay carne. No hay huesos. Sólo estelas reconocibles que llevan mi talle.
Allá está lo rojo, lo caliente, lo que late. Por supuesto que voy a llegar. ¡Ya está hecho!
Ana Gabriela Alvarado
09/08/2011
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