Caminas sin parar. A veces lo haces descalza para sentir que el dolor no es tan malo.
Caminas sin parar ante las noticias que ignoras por no querer que sean verdad del todo. Y les buscas excusas y las pules con tus uñas y las cambias de color sólo para sentirte mejor.
Caminas sin parar a través de tus deseos, los mismos que te llevaron a comenzar a caminar con paso firme, disimulado e inventado.
Caminas con tu carga a cuestas por sentir merecerla o por simple impulso escondido de creer que vivirás en la Gloria Eterna, cuando la Gloria está en tus manos y no haces nada por expresarla, por adorarla, por activarla con tus huellas que tanto han aprendido a vivir, a crear, a trabajar para tus testigos de vida.
Caminas con la suerte de saberte bendecida, aunque para llegar a tal punto la luna persiguió al sol muchas veces y aún siguen sin conocerse; pero que nadie lo sepa porque se siente bien la comodidad.
Caminas, caminas, caminas... ¡Cuánta energía a flor de piel para seguir caminando! Tus plantas son las suelas perfectas de historias cargadas de sentido y lógica.
Sigue caminando sin frenos, sin voltear. Camina sin andar si no quieres. Camina sobre el frenesí de saberte libre. Camina siempre hacia adelante.
Ana Gabriela Alvarado
27/09/2011
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